Pensar bien, y ser más feliz

2012-06-20 14:26:09 +0000

Imagina por un momento que llevas unos días intentando localizar a un amigo.

Supón que no te contesta los mails, y no responde al teléfono, ni Whatsapp, ni SMS. Vuestros amigos comunes tampoco saben nada de él, y no publica actualizaciones en Twitter ni en Facebook.

Lo normal es que empezaras a preocuparte un poco por si está bien, y conforme pasaran los días tu preocupación por su paradero o estado de salud fuera aumentando.

Sin embargo, cuando un cliente o proveedor no contesta al mail o al teléfono no nos preguntamos cómo estará. Directamente pensamos que es un hijoputa una mala persona que nos está esquivando.

Si vemos un nuevo diseño en una web que no nos convence, el diseñador es un inútil.

Si leemos algo con lo que no estamos de acuerdo, quien lo dice es un cretino.

Si alguien pregunta algo mínimamente ofensivo es porque es un troll buscando pelea.

¿Por qué tenemos la mala costumbre de pensar siempre lo peor en situaciones del ámbito profesional?

Llevo unos días dándole vueltas al tema, y aún sin haber descubierto por qué esto es así he decidido dedicar un poco de esfuerzo a pensar bien por defecto, y a ser un poco más crítico con las conclusiones que saco de las cosas que veo, leo o escucho.

Así he descubierto cosas como que menos del 40% de los hogares ingleses tienen contador de agua, que un gestaltingenieur no es lo mismo que un coding designer, que hay quien valora más el humor que la precisión científica, y que te puedes gastar 100.000 euros en un libro.

Y sobre todo, creo que vivo más tranquilo y más feliz.