Pensar bien, y ser más feliz

Imagina por un momento que llevas unos días intentando localizar a un amigo.

Supón que no te contesta los mails, y no responde al teléfono, ni Whatsapp, ni SMS. Vuestros amigos comunes tampoco saben nada de él, y no publica actualizaciones en Twitter ni en Facebook.

Lo normal es que empezaras a preocuparte un poco por si está bien, y conforme pasaran los días tu preocupación por su paradero o estado de salud fuera aumentando.

Sin embargo, cuando un cliente o proveedor no contesta al mail o al teléfono no nos preguntamos cómo estará. Directamente pensamos que es un hijoputa una mala persona que nos está esquivando.

Si vemos un nuevo diseño en una web que no nos convence, el diseñador es un inútil.

Si leemos algo con lo que no estamos de acuerdo, quien lo dice es un cretino.

Si alguien pregunta algo mínimamente ofensivo es porque es un troll buscando pelea.

¿Por qué tenemos la mala costumbre de pensar siempre lo peor en situaciones del ámbito profesional?

Llevo unos días dándole vueltas al tema, y aún sin haber descubierto por qué esto es así he decidido dedicar un poco de esfuerzo a pensar bien por defecto, y a ser un poco más crítico con las conclusiones que saco de las cosas que veo, leo o escucho.

Así he descubierto cosas como que menos del 40% de los hogares ingleses tienen contador de agua, que un gestaltingenieur no es lo mismo que un coding designer, que hay quien valora más el humor que la precisión científica, y que te puedes gastar 100.000 euros en un libro.

Y sobre todo, creo que vivo más tranquilo y más feliz.

5 thoughts on “Pensar bien, y ser más feliz”

  1. Yo si algo he aprendido en todos estos años es a respetar el código ajeno. Cualquier código observado con la perspectiva que da el paso de los año -de los meses, si hay mala suerte- es infumable y su programador un inepto. Pero carecemos del contexto del momento: no sabemos las presiones de tiempo, presupuesto y alcance a las que estaba sometido.

    Algo parecido cuando la gente suele opinar de webs que son un auténtico desastre (normalmente de grandes empresas relacionadas con el transporte de personas). Y se dice que son unos inútiles, que no saben pitos ni flautas. Para mí está clarísimo que si las condiciones son lo suficientemente adversas hasta el mejor equipo es capaz de entregar un pequeño zurullo.

  2. Desde pequeñitos vivimos sin disfrutar lo mucho y bueno que nos rodea. Somos incapaces de apreciar y disfrutar un buen bocadillo de jamón, una sonrisa, un zumo de naranja, un paseo por la playa, un achuchón de nuestro amigo, el olor a tormenta, o el hecho de abrir una ventana y disfrutar del placer de ver y respirar aire.

    Sufrimos bajo una presión que nosotros mismos nos creamos. Nos aceleramos, nos pedimos y exigimos demasiado, nos forzamos en exceso nosotros mismos… Nos inventamos obligaciones, excusas, enemigos, angustias y miedos… Nos empeñamos en acaparar, en gastar, en consumir sin medida, en intentar vivir las vidas de los demás…Y todo eso se acumula y nos pasa factura en forma de “mala leche”.

    El mundo es más sencillo y bonito que lo que nosotros a menudo creemos.

    Desgraciadamente no es algo habitual, pero a veces nos paramos y nos damos cuenta de todo esto. No es, ya digo, algo cotidiano, pero cuando lo reconocemos caemos en la cuenta de lo tontos que estamos.

    Leyendo tu post he recuperado uno de esos momentos. Y llego a la conclusión de algo que dices en tu texto: “hay que pensar bien por defecto”. Lo que vaya a pasar pasará, pero seremos mucho más felices.

    De eso se trata, no? :-)

  3. El otro día cuando me diste tu opinión sobre el qué hacer con aquel cliente me dejaste pensando, como te comenté. Porque me pareció muy humana tu respuesta y porque creo que nunca, como bien apuntas, hacemos este ejercicio. De pensar en los demás, de pensar en positivo, de pensar, en definitiva.

    Me uno a este club de los bienpensadores :)

  4. Encuentro este post de rebote, y sinceramente me siento totalmente identificado.

    Llevo cosa de 1 año tratando de ser mejor crítico, pensando que no hay una verdad absoluta, y todo lo que engloba pensando.

    Muchas veces los refranes se equivocan, el piensa mal y acertarás por ejemplo.. Quizás aciertes, pero ¿te hace eso más feliz?

    Buen post.. Un abrazo.

  5. ¿Por qué tenemos la mala costumbre de pensar siempre lo peor en situaciones del ámbito profesional?

    En mi opinión, y en mi caso, creo que tenemos pasión por lo que hacemos. Nos gusta, disfrutamos y buscamos la perfección. Somos críticos, y aunque a veces se enmascare con malos modales, la intención no es de crítica al trabajo ajeno, es simple y llanamente la frustración de no tener acceso o tiempo para poder mejorar lo que vemos. Igual es una justificación personal en mi caso a mi mala leche o impertinencia. No lo niego.

    Domar ese instinto, ese disparador en nuestra mente que se activa automáticamente cuando sientes (aunque no sepas por qué) que hay algo que no está bien, es un proceso de aprendizaje que cuesta mucho domar.

    Esta doma la enmarcaría como la diferencia entre ser un profesional (y me refiero a los profesionales con pasión), a ser una persona que la pagan por realizar uno de sus mayores hobbies.

nos encantaría oir tu opinión...