Pensar bien, y ser más feliz

Imagina por un momento que llevas unos días intentando localizar a un amigo.

Supón que no te contesta los mails, y no responde al teléfono, ni Whatsapp, ni SMS. Vuestros amigos comunes tampoco saben nada de él, y no publica actualizaciones en Twitter ni en Facebook.

Lo normal es que empezaras a preocuparte un poco por si está bien, y conforme pasaran los días tu preocupación por su paradero o estado de salud fuera aumentando.

Sin embargo, cuando un cliente o proveedor no contesta al mail o al teléfono no nos preguntamos cómo estará. Directamente pensamos que es un hijoputa una mala persona que nos está esquivando.

Si vemos un nuevo diseño en una web que no nos convence, el diseñador es un inútil.

Si leemos algo con lo que no estamos de acuerdo, quien lo dice es un cretino.

Si alguien pregunta algo mínimamente ofensivo es porque es un troll buscando pelea.

¿Por qué tenemos la mala costumbre de pensar siempre lo peor en situaciones del ámbito profesional?

Llevo unos días dándole vueltas al tema, y aún sin haber descubierto por qué esto es así he decidido dedicar un poco de esfuerzo a pensar bien por defecto, y a ser un poco más crítico con las conclusiones que saco de las cosas que veo, leo o escucho.

Así he descubierto cosas como que menos del 40% de los hogares ingleses tienen contador de agua, que un gestaltingenieur no es lo mismo que un coding designer, que hay quien valora más el humor que la precisión científica, y que te puedes gastar 100.000 euros en un libro.

Y sobre todo, creo que vivo más tranquilo y más feliz.

GTD con papel

Después de probar Things.app, OmniFocus, The Hit List, Actiontastic, y casi todas las combinaciones posibles de wikis, clientes de mail, blocs de notas y tinglados absurdos de sincronización y gestión, me vuelvo al método que mejor me ha funcionado: el papel.

Aquí, el kit GTD definitivo:

GTD Kit

  • Tarjetas de cartulina, disponibles en varios tamaños. 1 euro el paquete de 100.
  • Clips de papel de Muji. Los más pequeños que encontré. No recuerdo exactamente el precio, pero también rondan el euro.
  • Un boli Pilot C4 de 0.2mm. Mi boli fetiche. En mi opinión, lo más parecido a la perfección para escribir por menos de 3 euros.

Los distintos tamaños de tarjetas me permiten usarlas para varias cosas:

  • las más pequeñas, de 65 x 95 mm, van siempre en un bolsillo o en la mochila.
  • las más grandes, de 100 x 150 mm son perfectas para bocetillos, dibujines, prototipos…
  • las medianas, de 75 x 125 mm, las uso como bloc de notas en mi mesa de trabajo y como mini-atril con un pequeño hack:

Atril

Se acabaron los problemas de baterías, cobertura, sincronización, brillos en la pantalla y peso innecesario.

Y de regalo me llevo un sistema personalizable, ordenable infinitamente por el criterio que quiera, que no necesita updates, y que nunca dejará de funcionar aunque cambie de sistema operativo :)

Querido empresario…

…si te preocupa la imagen de tu empresa, cuelga en alguna parte de su web la imagen corporativa en formato vectorial.

Los diseñadores del mundo te lo agradeceremos, y no tendremos que usar esos amasijos de pixels que algunos se empeñan en llamar “logos” para “ponerlos destacados en la web”.

Gracias.

Adobe no entiende internet

Ayer se presentó en sociedad el rediseño de Twitter. Como todos los rediseños, a este habrá que acostumbrarse poco a poco. Pero hay un detalle al que va a ser difícil acostumbrarse: la tipografía. No sé en qué estarían pensando los Twit-boys, pero poner Lucida Grande como tipografía por defecto no ha sido una jugada brillante precisamente.

Como me consta que no soy el único que lo piensa, a los 20 minutos de ver el rediseño por primera vez publiqué un script para Greasemonkey (o Creammonkey si usas Safari):

Twitter Text Hack

Este script sustituye Lucida Grande por Arial, y tardé 2 minutos en escribirlo y unos 45 segundos en tenerlo publicado en userscripts.org (incluyendo el tiempo de registrarme en la web)

Comparemos esto con un problema similar que tuve con Fireworks. Como las guías no se pueden copiar y pegar, y es un auténtico coñazo hacer retículas a mano, creé una extensión (el ya conocido Reticulator).

Como el feedback que recibí fue bastante bueno, decidí compartir la extensión en el Adobe Exchange. Para ello, tuve que completar un tedioso proceso de registro de la extensión (que tuve que hacer dos veces porque la primera vez falló) y al final me obsequiaron con un bonito email que decía “Gracias, bla bla bla, tu extensión queda pendiente de revisión por nuestro equipo de QA… en breve estará disponible… bla bla bla…”

Eso fue hace 4 meses.

Ayer Adobe me envia un mail que dice:

Your recent upload to the Adobe Exchange was approved by our QA team and is now available for download

Estimada Adobe: estamos en el siglo XXI. Puedo poner a disposición de mil millones de personas un script instalable a través de internet en unos segundos. Puedo publicar en mi blog en minutos. Puedo tener millones de visitas a mi propio canal de televisión en horas… En este contexto, y en estos tiempos, “recent” podría ser, siendo muy flexibles, un par de días… tres o cuatro… una semana a lo sumo…

Pero 4 meses para compartir una extensión es una eternidad.

¿Quieren tener una gran comunidad de desarrolladores que compartan sus conocimientos y su código? Porque con este modus operandi dudo que lo estén consiguiendo…

Estimada Adobe, ponte las pilas…

Donando a proyectos Open Source

Una de las bases de internet tal y como hoy la conocemos es la filosofía Open Source. Compartir código y conocimiento a cambio de nada-material es, en mi opinión, una de las pequeñas revoluciones de nuestro tiempo.

Desde mis inicios en la web (hace ya muchísimo tiempo :) nunca ha dejado de sorprenderme la cantidad de tiempo que la gente está dispuesta a invertir en enseñar lo que sabe. Es una actitud inspiradora, y que me sigue motivando para compartir conocimiento, código, herramientas…

Pero los programadores también comen : )

Cuando te acostumbras a tener de forma instantánea casi cualquier herramienta imaginable en versión Open Source, es fácil olvidar el esfuerzo que supone idear, construir y mantener un proyecto así.

Por eso desde hace tiempo, cuando uso herramientas Open Source para mis proyectos comerciales siempre procuro donar un porcentaje de los beneficios a un proyecto Open Source (tradicionalmente, al que haya usado para ese proyecto)

Seguramente ningún fundador de un proyecto Open Source piense en hacerse rico con las donaciones. Pero todos agradecen poder tomarse un par de cervezas a la salud de sus usuarios :)

Y si no puedes contribuir económicamente, ayuda con los talentos que tienes. Puede que tu proyecto favorito necesite un icono, un diseño para su web, unos retoques de código…

Aquí va una pequeña selección de proyectos Open Source que me han ayudado este año, y a los que merece la pena echar una mano:

Y tu… ¿a quién vas a darle las gracias por hacer tu vida más fácil? ;)